Abrilongo se sitúa en un territorio fronterizo con Portugal, abierto a la sierra y recorrido por caminos propios que invitan a caminar sin prisa. El paisaje cambia con la luz, el silencio se hace presente y la vida natural —especialmente las aves— acompaña cada recorrido. Todo invita a recorrerlo sin prisa y a dejar que la calma aparezca.
Es una zona donde aún perviven antiguas creencias, presentes en muy pocos lugares de Extremadura, como La Codosera o Las Hurdes. Algunas historias forman parte del territorio y se entienden mejor cuando se está aquí.
Hay historias que han marcado a quienes han vivido aquí. No todas caben en una página. Algunas prefieren ser contadas cuando el entorno acompaña. Si quieres escucharlas, estaré encantado de compartirlas contigo cuando estés aquí.